30 de novembre de 2011

Siempre

Esta pesadilla no terminará nunca. Ha recaído tantas veces que tiene asumida su eterna derrota enfrente a él. El destino quiso que se encontraran aun siendo polos opuestos y se las arregló para unirles con hilo y aguja.
Ella decía que una vez has subido a la cima es difícil conformarte con llegar a media montaña. Que una vez has amado con locura hasta el final no puedes volver a hacerlo nunca más. Aprendió porqué la gente no suele enamorarse hasta el muelle de los huesos como en las películas, sino que se quedan a medio camino. Y es que duele demasiado. Si lo das todo por alguien, te quedas con nada más que él. El amor es como una partida de póker donde apuestas todas tus fichas antes de ver las cartas. Nadie te puede asegurar que funcione y arriesgas, y si arriesgas puedes fallar. Una vida en la cuerda floja donde si él te suelta, caes empicado al más profundo abismo.
Olvidar. Menudo verbo más absurdo. ¿Qué olvidamos? Las llaves de casa, la cartera, el pan, un aniversario o un número de teléfono. Pero no a alguien que ha grabado nuestro corazón. Por eso ella sabía que su pesadilla seguiría estallando en su pecho cuando menos se lo espere. Él se había instalado tan bien allí que ni un huracán podría sacarlo.
El tiempo. Los segundos que pasan y nada cambía en su interior. No le puede curar nada ya, ni tan sólo los días. Por eso bebe y ahoga sus lamentos en los basos que vacía. Cuando la realidad se desvanece es el único momento que puede vivir en un sueño, y sólo allí puede desacerse de su presencia de vez en cuando.